martes, 25 de abril de 2017

¡LEVANTA LA CABECITA CARIÑO! QUÉ FLOJO ES MI HIJO DOCTOR...

Comprender por qué un niño no puede mantenerse sentado de forma erguida, o mantener la cabeza derecha, es importante para no exigirle más allá de lo que puede dar

Que una mamá o un papá requiera de forma reiterada a su hijo con dificultades para mantener su cabecita erguida que la levante o que se ponga derecho cuando está sentado, es de una lógica aplastante. Que esta idea o esta forma de actuar la refuercen determinadas prescripciones profesionales para la sedestación ya no lo es tanto, y en el fondo parece mostrar cierto desconocimiento de las posibilidades y capacidades de determinados niños a quienes se les recomienda.

De los primeros, de los padres, se espera esto, que intenten fomentar al máximo las posibilidades de sus hijos para acercarse a la norma, a lo esperado, a hacer realidad aquello que desean. De los segundos, de los profesionales, es de esperar otra cosa: una orientación adecuada acerca de cuánto y cómo puede hacer cada niño, de cómo podemos ayudarle para que sus esfuerzos sean productivos, y una forma de ver a través del presente aquello que está por venir.



La motricidad en los niños se manifiesta sin esfuerzo. Sólo con aquel que, en el disfrute de un juego que es primordialmente motor en los primeros años, el niño desarrolla con placer. Cuando nuestros hijos comienzan a reconocer y descubrir sus posibilidades motrices juegan a moverse, a gatear, a caminar, a correr, a saltar en los mejores casos. Luego, con el tiempo, integran estas capacidades en actividades más complejas y entonces juegan corriendo, gateando, saltando o haciendo la croqueta. Este esfuerzo viene recompensado además no sólo por el goce personal e individual del propio niño, sino también por el disfrute colectivo de las familias, orgullosas de los logros de sus enanos. A la inmensa mayoría de los niños les gusta el movimiento: no hay niños vagos, o no al menos en edades tempranas. ¿Por qué iba a ser distinto en los niños con dificultades motrices?

Sin embargo, cuanto mayores son éstas, mayor puede ser también su necesidad de esforzarse para conseguir este disfrute. Y a ese esfuerzo titánico que a veces supone un simple control de cabeza, le puede seguir la desilusión individual y colectiva que proporciona lo breve de la experiencia.

Por eso, no es infrecuente encontrar madres o padres que nos dicen que sus hijos son flojos, y nos refieren que determinado facultativo les ha insistido en la necesidad de que sus hijos hagan esfuerzos para ponerse derechos en sus sillas “adaptadas”, dicen.

Pero comprender por qué un niño no puede mantenerse sentado de forma erguida, o mantener la cabeza derecha es importante para no pedirle demasiado.

El mantenimiento del cuerpo o de la cabeza se realiza gracias a músculos profundos de nuestra columna vertebral que se contraen de forma lenta, automática (no necesitamos dar ninguna orden voluntaria para que se contraigan, lo hacen por sí mismos) y que se fatigan poco, de ahí que podamos estar horas y horas con el cuerpo o la cabeza respondiendo al esfuerzo que nos requiere luchar contra la atracción de la fuerza de la gravedad. Sin embargo, cuando queremos mover una parte de nuestro cuerpo, estos movimientos los realizamos básicamente gracias a una musculatura más superficial, que puede contraerse más rápidamente, que podemos controlar voluntariamente, pero que se cansa pronto.


Cuando lo necesitamos podemos estar horas y horas manteniendo una misma postura
gracias a nuestros músculos profundos

Muchos de nuestros niños con dificultades de mantenimiento del eje del cuerpo o de la cabeza presentan una afectación importante de su capacidad automática para la contracción de esos músculos profundos, y cuando quieren mantener la cabeza o el cuerpo erguidos deben recurrir a la musculatura más superficial, que pueden controlar en mayor o menor medida según cada niño, pero que como hemos comentado se fatiga pronto, dando lugar al cabo de un tiempo variable según los casos a la caída de la cabeza o a la vuelta a una postura torcida del cuerpo.

Para entender el esfuerzo que supone para los chicos con dificultades el mantenimiento antigravitatorio  de su cuerpo o cabeza, basta con que realicemos nosotros un ejercicio muy simple y muy breve: podemos ponernos de pie o permanecer sentados, como queramos, y en esta posición realizar una extensión máxima del cuerpo y la cabeza hacia atrás, e intentar mantener esta postura durante todo el tiempo que podamos… Cansa ¿verdad?, y ¿cuánto tiempo hemos podido mantener la postura? Y… ¿cuánta atención hemos podido prestar a otra cosa? ¿hubiéramos podido prestar atención a una clase, una película, cualquier cosa que ocurriera a nuestro alrededor de forma continuada? ¿y nuestros brazos,…? ¿Hubiéramos podido manejarlos con soltura o estarían tan implicados en intentar ayudar a mantener esta postura de esfuerzo máximo que no podríamos usarlos para nada “útil” o preciso?...

Lo cierto es que sin el trabajo adecuado de la musculatura automática, podemos mantener este esfuerzo y por tanto estas posturas un tiempo demasiado breve como para que sea funcional, y esto es lo que básicamente les ocurre a muchos de nuestros chicos con parálisis cerebral u otras patologías a la hora de mantener su cabeza elevada o su cuerpo derecho.

De estas dificultades debería inferirse que la sedestación de estos chicos debería priorizar, en función de las posibilidades motrices de cada uno, una postura cómoda que permita realizar movimientos cuando el niño pueda, quiera o lo necesite, pero no que le obligue a ello para simplemente tener un contacto visual adecuado con el entorno. Además, contrariamente a lo que pudiera pensarse, ese trabajo repetido no va a dar lugar a una mejora de sus capacidades. Al contrario, ¿podemos pensar qué grado de tensión y contractura puede alcanzar nuestro cuerpo si le pedimos estos esfuerzos de manera continuada? ¿Nos provocaría en algún momento alguna sensación dolorosa?

Aún nos llegan papás y mamás con prescripciones médicas en las que el facultativo les insiste en un tipo de silla o asiento determinado con la premisa de que el niño debe trabajar en ella. Creo que quien decide recomendar este tipo de asientos no ha hecho la prueba de extensión mantenida de la espalda…




Esto no significa que no puedan confeccionarse asientos y adaptaciones posturales que estimulen o permitan una actividad postural adecuada y necesaria en muchos casos. Sobre los diferentes tipos de asientos hablaremos en una futura publicación, pero de entrada y en nuestra opinión debe quedar claro que estos chicos lejos de ser flojos o vagos son al contrario unos continuos luchadores a los que habría que ayudar a que estos esfuerzos provoquen, a un coste mínimo, resultados satisfactorios para ellos, chicos que son casi atletas de élite en cuanto que exprimen al máximo sus posibilidades motrices, algo que no podríamos asegurar acerca de cualquiera de nosotros.


A fin de cuentas el mando a distancia para no levantarnos del sillón no lo inventaron ellos.



Daniel A. Ortega Asencio
Fisioterapeuta
CIVET

miércoles, 5 de abril de 2017

¿CÓMO ESTIMULAR EL LENGUAJE DE LOS BEBÉS?

Los padres  desde el nacimiento del bebé son los principales y mejores estimuladores del lenguaje de sus hijos

Desde que nacemos  el desarrollo del lenguaje de los bebés se ve influido por muchos factores. Los padres  desde el nacimiento del bebé son los principales y mejores estimuladores del lenguaje de sus hijos. Son también los grandes responsables del aprendizaje del bebé por su equilibrio afectivo y su adaptación social.  El primer lenguaje del bebé es la expresión, a través de los balbuceos, sonrisas, llantos y otros sonidos, de los sentimientos y necesidades. Así se comunican al principio. Luego, poco a poco, los bebés van adquiriendo un lenguaje más fluido, llegando al dominio de la comunicación verbal.
A continuación se les explicará y se les dará consejos de cómo pueden trabajar los padres la estimulación de lenguaje desde un momento temprano del nacimiento.
No se trata de intentar que el bebé hable antes y mejor, porque existen ciertas limitaciones que solo con el paso de los meses, conforme vaya creciendo, el bebé irá superando. Pero sí podemos mostrarnos "abiertos" a una comunicación más efectiva con el bebé y permitirle que desarrolle todo su potencial, estimulándolo.
Inicialmente, el lenguaje se produce por imitación. Los niños y niñas imitan los movimientos y los sonidos que hacen sus padres, cuando articulan las palabras. En este proceso, también es importante la comprensión de lo escuchado y de lo expresado.
Para comenzar hay que tener muy claro que lo que va a determinar una adecuada estimulación del lenguaje es el modo en que nos dirijamos a los niños o niñas. Los padres pueden aprovechar las situaciones cotidianas para hablar con ellos, como por ejemplo el momento del baño, mientras comen, cuando están en su cuna. Aunque ellos no pueden respondernos, van asociando poco a poco el significado de las palabras comunes y familiares, van aprendiendo a la vez la entonación de nuestra lengua y comienzan a la vez a discriminar algunos sonidos, así como las voces y expresiones de las personas más cercanas. Un aspecto esencial e importante mirar al bebé mientras hablamos con él o ella, ya que eso les permite ir aprendiendo habilidades conversacionales básicas de cuando mirar a la persona que le está hablando y esperar turnos.


Utilizar el “habla al estilo maternal “o “baby talk” es una buena herramienta, en la que muchas veces, el adulto, la utiliza de forma natural e “inconsciente” con el bebé. Aunque existen unos límites naturales para que el bebé emita sus primeras sílabas (y no digamos ya palabras o frases), podemos hablarles desde su nacimiento. De hecho, desde el vientre materno ya reconocen la voz de la mamá. Ese sonido les tranquilizará una vez nacidos.
Esta particular forma de hablar hay que utilizarla de la siguiente manera:
ü Hay que hablar desde el principio con el bebé. Nuestro tono y los sonidos incitan al bebé no solo al reconocimiento sino a la imitación. El bebé imita los sonidos articulatorios, que aún no tienen significado para él.

ü Hacer pausas al hablar.

ü Hay que responder a los sonidos que emite el bebé para que este comprenda pronto el carácter comunicativo del lenguaje.

ü No solo se comunican con palabras: los gestos y ruidos (chasquidos, pedorretas...) que podemos enseñarles son unos de los primeros mecanismos comunicativos de los bebés.

ü Se debe utilizar palabras y frases sencillas y repetirlas muchas veces para los objetos cotidianos o seres familiares, de modo que el bebé empieza a entender la relación entre el lenguaje y la realidad.

ü Utilizar un tono de voz más alto y agudo.

ü Presentar una mayor expresión facial y acercarnos al bebé para que nos vea.

ü Hacer referencia constante al contexto en el que se encuentra el bebé. Ejemplos: “estás en la bañera”, “qué bien estas con mamá”, “¿te gusta la calle?”, “ahora estas en casa de la abuela”…

ü A su vez podemos emplear frases más complejas, es bueno que les cantemos o contemos cuentos... Las melodías les calman y resultan muy agradables. Nunca es pronto para empezar a contarles cuentos y los niños son "esponjas" que van aprendiendo vocabulario mucho antes de que puedan hablar.

ü Juega mucho con el niño: el juego es el mejor modo de aprendizaje y mediante este interactuamos con el bebé. Que juegue también con otros niños mayores que le puedan hablar (hermanos, primos, vecinos...).


ü Los libros, música o los juguetes interactivos estimulan y desempeñan un papel activo en el desarrollo del cerebro y la capacidad del lenguaje. Deja libros y juguetes a su alcance.

ü Las primeras interacciones de los bebés son para pedir cosas (agua, muñecos, galleta...), lo hacen mediante gestos o sonidos más adelante. Cuando pase el tiempo y el niño ya emita sus primeras palabras, no se lo des enseguida: anímele a pedirlo de otro modo porque así se esforzará por emitir nuevos sonidos, ya que con el paso del tiempo ya sabe cómo se llama lo que desea.

ü No compares, cada niño va a su ritmo, desde que son muy pequeños ya pueden sentir presión o decepción por nuestra parte y esto provocaría un efecto contrario al que deseamos.

Todo es un proceso, los padres no deben olvidar que pasar del balbuceo a los vocablos reales es un proceso gradual que demanda tiempo y retroalimentación del entorno. Es por esto que al comienzo, el bebé inventa aproximaciones de palabras que se traducen en sonidos con significado propio como cuando dicen “muhmuhmuh” para indicar que quieren que lo alcen.
Si con el paso de los meses se observa que el bebé no hace ningún avance lingüístico, puede que nos encontremos ante algún trastorno del lenguaje. Se debe consultar con el logopeda, aunque probablemente si existe un problema grave ya lo habrán detectado, por lo que lo más seguro es que se trate de un simple retraso.
Como conclusión, se recomienda por lo general para estimular el desarrollo lingüístico del bebé es que los padres se comuniquen mucho con su hijo, que lo cuiden  dedicándole el tiempo suficiente porque de este modo estará todo listo para un adecuado desarrollo en todos los sentidos.




Loreto Delgado Boa
Logopeda
CIVET