Un entorno adecuado en estímulos es el mejor ambiente para el desarrollo de los niños
La neuroplasticidad o plasticidad neuronal es la capacidad que tiene el cerebro para formar nuevas conexiones en cualquier momento del ciclo vital, en respuesta a las necesidades adaptativas del individuo a las demandas del ambiente. Hay diversos periodos sensibles en el desarrollo, de mayor plasticidad neuronal en determinadas áreas cerebrales, a través de los cuales se adquieren con mayor facilidad las diferentes funciones cognitivas. Estos periodos sensibles son conocidos como “ventanas de oportunidad”
y/o “ventanas de desarrollo”. Factores
como la calidad nutricional, el tipo de estimulación ambiental, experiencias
negativas o estresantes… pueden tener un fuerte impacto cuando estas ventanas
de oportunidad se encuentran abiertas (estos factores afectan a lo largo de
toda la vida, pero no en la misma medida ni con el mismo impacto).
Estos períodos se llevan a
cabo de manera natural, sin esfuerzos. Por tanto, no es necesario bombardear
con tareas que creamos útiles para el aprendizaje o sobreestimular; lo único
que se necesita es un ambiente estimulante y enriquecedor para fomentar el
adecuado desarrollo cerebral.
No obstante, el ritmo de vida
a veces dificulta que el ambiente sea lo suficientemente enriquecedor, viéndose
afectada la oportunidad de que el niño se desarrolle de manera adecuada. Aunque
el problema no es solo de los papás: la sociedad, la escuela, teorías no
contrastadas empíricamente, los hábitos de vida incluso las modas tienen un
papel relevante en la calidad del ambiente estimulador de los pequeños.
Una de las nuevas modas,
entre otras, es el sobreuso del Maxi-cosi o “huevito”; se utiliza como sillita
de paseo o a veces hasta en casa se suele tener al bebé en el “huevito” durante
largos periodos de tiempo. El Maxi-cosi
es realmente una sillita para el coche y para eso está fabricado (los
fabricantes advierten que no es conveniente tener al bebé más de una hora y
media en el Maxi-cosi). En ese tipo de asientos la movilidad del bebé se encuentra
reducida y su campo visual está restringido, de tal manera que las opciones
para explorar su ambiente son mínimas.
Del mismo modo, es frecuente encontrarse
a los bebés en cunas, parques o sillitas de paseo en casa, porque así el bebé
está controlado y el nivel de vigilancia que necesita es inferior que si se
dejase en el suelo (en una alfombra con cojines alrededor, por ejemplo), donde
el pequeño podría arrastrarse, gatear, voltear, estirar sus extremidades,
fortalecer su musculatura, curiosear, explorar…

Nos encontramos rodeados de
niños sumergidos en tablets, móviles y videoconsolas. Se ha vuelto familiar la
escena de ver a un grupo de niños en un restaurante o cafetería con sus padres
y estar cada uno con su tablet (ya ni si quiera juegan conjuntamente). Desde
luego es mucho más cómodo tanto para los padres como para los demás clientes el
no tener a los niños correteando y gritando alrededor… Estos niños no
experimentan la capacidad de jugar conjuntamente con sus iguales, de darle
rienda suelta a su imaginación y llevarse horas y horas jugando sin ningún tipo
de objetos, de desarrollar el juego simbólico, de aprender a compartir, esperar
turnos y por tanto controlar los impulsos, por ejemplo.
Cada vez son más frecuentes las quejas por parte del cole del tipo, “presenta problemas en psicomotricidad fina” o padres que refieren que sus hijos “son más torpones de lo normal”. Niños que no son capaces de encajar dos legos y sin embargo construyen ciudades con el uso de dos dedos en la videoconsola. Niños que nunca han tenido juegos de piezas para construcciones, puzles, juegos de cuerdas y encaje… por tanto, no es de extrañar que no sepan hacer un castillo con cubos.
“Los niños de hoy en día ya no juegan a la pelota”, es una frase que todos hemos escuchado infinidad de
veces, sin embargo, poco se comenta de los carteles que hay en plazas y parques
infantiles: <<PROHIBIDO JUGAR A LA PELOTA>>. Si en el parque no pueden jugar a la pelota
¿dónde van a jugar, en casa? La mayoría de los juegos con pelotas son bastantes
completos: atención, cognición espacial, inhibición, memoria de trabajo… entre
otras, son las funciones que requieren este tipo de juegos y de las cuales
estamos privando a los niños sin darnos apenas cuenta.
Es habitual encontrarse con niños que no saben vestirse, ducharse, usar los cubiertos adecuadamente, atarse los cordones o abrocharse un simple botón… Niños que tienen nueve años a los que se les sigue duchando, vistiendo o a veces hasta se les da de comer, porque así es más rápido y siempre se va con mucha prisa, no hay tiempo para esperar. Tampoco se puede olvidar que la mayoría de las guarderías y colegios exigen que los niños lleven zapatos de velcros, pantalones sin botones y algunos exigen hasta zumos sin cañitas… (cómo influye negativamente el modelo educativo escolar actual en las ventanas de desarrollo y oportunidad se hablará en otro post).
La mayoría de nuestros pequeños no saben monitorizar tareas o sus propias acciones, tal es así que presentan dificultades para aprender del error y buscar alternativas distintas; puede que esté relacionado con el hecho de que los adultos no dejamos a los niños equivocarse porque queremos niños perfectos y, citando a Mario Benedetti, olvidamos que: “La perfección es una pulida colección de errores”.
Actualmente, los niños son presos de horarios escolares y extraescolares. Niños que pasan en la escuela casi cinco horas sentados en una silla, luego en las clases particulares al igual que en las de inglés el niño debe estar sentado y si con suerte va a algún deporte debe de obedecer las normas y disciplina que el deporte exige, es decir no puede moverse libremente. Y luego, los papas dicen preocupados y extrañados “mi niño es hiperactivo, porque cuando llega a casa no para”, lo extraño es que el pequeño lleve todo el día controlando sus impulsos motores.
Estos son algunos ejemplos de
situaciones que nos encontramos a diario, que parecen insignificantes pero que
tienen una gran repercusión en el desarrollo de los niños, sobre todo cuando
las ventanas de desarrollo y oportunidad se encuentran abiertas. Espero que este post ayude a pensar un poco
más en la calidad del ambiente estimulador de nuestros niños y en esas pequeñas
cosas del día a día que son tan importantes.
Estamos tan preocupados
por el futuro de nuestros hijos que olvidamos que se están perdiendo el
presente.
María Ortiz Rodríguez
Neuropsicóloga
CIVET
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