martes, 2 de mayo de 2017

GASTOS POR PATERNIDAD NO DESGRAVABLES

Ser padres no es nada fácil. Serlo de niños con dificultades mucho menos

Todos los padres se quejan de que no nacieron con un libro sobre cómo educar a sus hijos debajo del brazo. Y se quejan con razón. Ser padre es una tarea enormemente difícil y solitaria y no hay suficiente preparación ni apoyo para ello. A veces no sólo por parte de la sociedad, sino de la propia familia, del propio entorno. Uno se ve obligado de repente a asumir ciertas tareas para las que nadie le ha preparado. Y cuando mira alrededor no encuentra (en la mayoría de los casos) el apoyo que esperaría, sino sólo un enorme rostro social que observa y juzga duramente. Un rostro que apenas mira,  sentencia.

Ya no hablo sólo de los juicios sobre si se le debería dar de mamar al niño o no, sobre si se le debe vacunar, sobre si le debe llevar a la guardería y a qué edad, etcétera. Parece que el único objetivo de ese enorme “rostro social” es el de separar a los padres en la categoría de buenos y malos. Con el agravante de que nadie parece entrar en la categoría de los buenos. Todo es opinable. Criticable. La palabra “respeto” parece haber desaparecido del diccionario social con el que leemos actualmente el mundo.

Pero hay una segunda parte aún más grave (si cabe) que la primera, y que tiene que ver con la mirada que dirigimos a los padres cuando sus hijos son diagnosticados de algún problema de salud mental. Son frecuentes en este contexto (o en cualquier caso, más frecuentes de lo que deberían) expresiones como “madre manipuladora”, “padre fóbico”, “progenitores neuróticos”, “progenitores inmaduros”, “progenitores incapaces”, “progenitores”…

Cuando buscamos una causa para el mal que sufre el niño, los problemas de los progenitores parecen estar siempre a mano. Son la explicación rápida, fácil, convincente. Y la “pastilla” que se aplica en consecuencia tiene que ver en muchos casos con una especie de “parentectomía” psicológica de la que no se miden sus efectos secundarios

Efectos para el hijo.

Y efectos para los padres.


Un padre no sólo será siempre el mejor padre que puede tener un hijo, sino además un hijo por derecho propio. Es decir, alguien que tiene su propia historia y sus propias dificultades y que merece ser mirado en consecuencia.

Un padre es sólo padre desde que tuvo hijos. Pero es hijo desde que nació y hasta que se muera. Y el precio que paga por ser padre es que deja automáticamente -para la sociedad- de ser hijo.

Y no estamos hablando de la responsabilidad, al decidir ser padre, de intentar darle lo mejor al hijo (asumo que esta buena intencionalidad está siempre), sino de la mirada que les lanzamos a los padres cuando encontramos un problema en el hijo.

“La culpa es vuestra” es lo que dice esa mirada.

“Algo estaréis haciendo”, es lo que dice.


Y probablemente haya cosas concretas que no estén beneficiando al hijo, pero eso no significa que sean culpables ni que lo estén haciendo mal a posta. Significa que o bien no tienen el conocimiento (y no están obligados a tenerlo) o bien hay cosas de su propia historia que les están traicionando a la hora de educar a sus hijos. Y nuestro objetivo como profesionales de la salud mental no es emitir una sentencia (tampoco debería serlo el de un juez, pero olvidamos que nosotros ni siquiera somos eso, jueces); nuestro objetivo debe ser ayudar a todos los hijos que tenemos delante, sean sólo hijos o también padres.




Lucía Díaz
Psicóloga Clínica
CIVET


1 comentario:

  1. Qué gran verdad!!!Nadie te entiende ni tu propia familia y cuando suelen "opinar" es para decirte de una forma algunas veces sutil y otras menos que "no lo haces bien" pero no están contigo en esas situaciones extremas en las que pides "ayuda" de alguna forma y se permiten el lujo de decirte "que eres una exagerada y te dan sus consejos lógicamente teóricos ".....que hipócritas!!!

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