lunes, 27 de marzo de 2017

VIRAL (POR LA SEPSIS)

Es probable que nadie lea este artículo. 
Saldrá anunciado en las redes sociales como nueva entrada, y el hecho de que lleve título y de que exija clicar para entrar actuará como el disuasor más potente. 
Una parte del cerebro actuará avisándonos de que probablemente se trate de un texto largo, aburrido, poco novedoso. Nos convencerá de que hay miles de esos por todas partes. Nos dirá que el esfuerzo no merece la pena. Que no compensa. Y seguiremos bajando por la pantalla de “Inicio” en busca de otro tipo de alimento. Algo especial, de color llamativo. Algo que no hayamos probado nunca, pero cuyo sabor nos hayan prometido siempre. Algo rápido, fácil, gratuito. Rico, valioso. Sin cáscara. Sin pepitas.
Habrá alguien que entre, claro. En ese caso, dará un primer vistazo rápido en busca de alguna entradilla explicatoria, de algún cuadro resumen, de las palabras escritas en negrita. Igual hasta lee el primer párrafo o las dos primeras líneas. Enseguida intervendrá  nuevamente su cerebro para indicarle que ya es suficiente, que ya sabe de qué va el tema, que está preparado para hablar al respecto en caso de debate. Si hay fotos o videos acompañando el texto, se parará en ellas. Las utilizará como atajo. El cerebro actuará nuevamente avisándole de que el vídeo le hará un buen resumen. Que el texto será lo mismo, pero con información de relleno, vacua, innecesaria.  Buscará, por tanto, el botón de play. Y mientras se abre, porque normalmente tarda unos valiosísimos segundos, consultará si tiene nuevos mensajes en su bandeja de entrada, en su facebook, en su twitter, en su instagram, en el correo del trabajo…; revisará el youtube para entender por qué ha dejado de reproducirse la lista que estaba sonando; irá al escritorio y seguirá agrupando las fotos que acaba de descargarse del móvil. Un sonido desagradable superponiéndose a la música que ha reactivado en el youtube le indicará que ya se ha abierto el vídeo, por lo que buscará la página correspondiente y dará a pause mientras sonríe leyendo unos whatsapp que acaban de llegarle. Entrará en el youtube, pondrá en pause la música y volverá al vídeo del texto para activarlo. Comprobará cuánto dura. Si en el video aparecen entrevistas de gente explicando cosas, aprovechará ese tiempo para seguir contestando whatsapp. Le dará a pause nuevamente para escuchar algunos audios. Tras reanudar el video varias veces lo cerrará, cansado de esperar lo que nunca llega. Y volverá de nuevo a su correo, a su facebook, a…
De esos pocos que entren, habrá alguno que lea el texto completo, aunque lo  hará diagonalmente. Si hay palabras cuyo significado desconoce (por ejemplo, sepsis) se las saltará y seguirá leyendo. Su cerebro  lo convencerá de que no necesita leerlo todo, de que basta darle la idea, el inicio de un argumento, algunas palabras relacionadas con el área de que se trate. Le convencerá nuevamente de que hay algo mejor en otro sitio (a un simple clic de distancia). Le convencerá de que todos lo tienen y de que él se lo está perdiendo. Así que hará caso a su cerebro, porque al fin y al cabo el cerebro es el que sabe lo que necesitamos. Si el cerebro nos pide luces, sonidos, pantallas cambiantes, iconos de nuevos mensajes, imágenes constantes, ¿por qué no dárselo? Al fin y al cabo nuestro cerebro es sabio. No es algo que nosotros podamos educar. Viene de fábrica, sabe lo que quiere. No es influenciable. Sus estructuras y circuitos son estables. Él pide y nosotros damos. Es así.
¿O no?                                                                            


Lucía Díaz
Psicóloga
CIVET
   

lunes, 20 de marzo de 2017

LA MAGIA DE LA FISIOTERAPIA


"Magia es cuando en un momento determinado 
uno se asoma al abismo de lo complejo y dice: no lo sé".

Eduardo Fondevila

A lo largo de nuestros años de dedicación, trabajando con niños con parálisis cerebral o con otras patologías que les dificultan su desarrollo motor y psicomotor, y en consecuencia su adaptación a las tareas funcionales que la vida diaria les exige, hemos experimentado, no únicamente como personas sino también como profesionales si es que es posible separar ambos aspectos, una necesaria transformación, no sólo física e ineludible por el paso del tiempo, sino también, y podría decirse que sobre todo, cognoscitiva y emocional.

En otros ámbitos de los muchos campos que abarca nuestra profesión, los resultados curativos de nuestras acciones pueden ser muy evidentes y en muchos casos hasta sorprendentes y espectaculares. Esto, en muchas ocasiones, proporciona al fisioterapeuta frente a la mirada del paciente una aureola sagrada no exenta de un cierto componente mágico, casi divino, que le acompaña en su labor profesional, y que de alguna manera uno, en sus inicios, aspira a confirmar. Es la reminiscencia del chamanismo, de lo indescifrable para el profano de las técnicas que se emplean, trasladada a unos tiempos más modernos.


La realidad del trabajo con pacientes con lesiones cerebrales y en concreto con niños con parálisis cerebral nos devuelve sin paliativos, ya que no alcanzaremos nunca a curarles, a nuestra condición humana.

De la misma manera que las familias poco a poco van reduciendo la magnitud de sus expectativas en lo referente a la evolución motriz o funcional de sus hijos, también los terapeutas, en una evolución que podríamos llamar natural, a medida que avanzamos en nuestro desarrollo como profesionales nos vamos dando cuenta de que cuanto más conocemos, cuanto más aprendemos, más conscientes nos volvemos de nuestras limitaciones. Y está bien que sea así.

La aceptación de nuestras limitaciones debe ser paralela a la de nuestras posibilidades. Y al igual que les ocurre, salvando las distancias, a los familiares, esto implica también un trabajo personal que no siempre es sencillo, y que va más allá de lo técnico. Eso sí, a diferencia de las madres y padres, que en su dolor tienen que aceptar y asimilar las dificultades de sus hijos, el fisioterapeuta tiene que hacerse consciente de las suyas propias para conseguir una adaptación del niño a lo que conocemos como vida normal, la cual no es siempre posible.

La confianza entre terapeutas y padres es muy importante para el buen desarrollo de un proceso terapéutico que no suele ser corto. El profesional debe tener además una implicación sólida basada en una vocación innegociable como base para poder desarrollar adecuadamente su trabajo. Pero cuando ambos, confianza e implicación, sobrepasan ciertos límites, algo que no es difícil dado el alto grado de intimidad que puede desarrollarse durante las sesiones de trabajo, pueden convertirse en elementos perjudiciales por cuanto una buena parte de las expectativas y las lógicas decepciones y frustraciones familiares pueden ser absorbidas haciéndolas propias por parte de los profesionales.

Es entonces cuando los fracasos de los niños se vuelven también nuestros fracasos, cuando en realidad no son sino fracasos de nuestras expectativas, del planteamiento previo de los objetivos, de unos objetivos inevitablemente transformados en subjetivos.


En momentos así podemos estar ciegos ante situaciones que se han dado en llamar “sobrepasadas” para la fisioterapia. Estas situaciones son aquellas que ya le impiden al niño seguir la evolución esperada o alcanzar los objetivos planteados: desde evoluciones ortopédicas incontroladas a situaciones contextuales demasiado complejas y fuera de nuestro círculo de influencia (contextos sociales o familiares, problemas de comportamiento, etc.)
Así, nuestros objetivos no deben basarse sólo en los resultados de nuestros exámenes sobre las capacidades motrices de los niños, sino que tienen que ir más allá. Una mirada global del proceso terapéutico nos debe hacer incluir cuáles son las posibilidades familiares, no sólo económicas, sino también sociales, emocionales, culturales, etc. y también de los recursos sociales disponibles: tipo de escolarización, subvenciones, acceso a profesionales preparados suficientemente,… Una mirada que no incluya el entorno que rodea al niño está abocada a no encontrar sentido en sus acciones: el contexto dará sentido a aquello sobre lo que focalicemos nuestra atención terapéutica.
Es aquí donde toma sentido también la conocida plegaria de Niebuhr, que nos invita a tener serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar aquello que soy capaz de cambiar, y sobre todo, sabiduría para diferenciarlas.

Y así, lo que pueda haber de mágico en nuestra Fisioterapia nos alcanza cuando somos capaces de combinar estas tres virtudes.



Daniel A. Ortega Asencio
Fisioterapeuta
CIVET scp







lunes, 13 de marzo de 2017

HABLEMOS DE NEUROPSICOLOGÍA..

Hemos pensado este post desde el Área de Neuropsicología de Civet, con el objetivo de dar a conocer más nuestro trabajo y nuestra vocación

Intentaremos aclarar algunos términos, pero sobre todo nos interesa dar a conocer cuál es nuestra visión y nuestra forma de trabajar dentro de esta especialidad.




¿Qué es la Neuropsicología?

Es una pregunta que siempre les hacemos a los familiares de los pacientes que llegan a nuestra consulta, nos interesa saber si conocen de qué va nuestra espacialidad y el 90% de las veces nos encontramos con la respuesta de que no saben, de que nunca antes habían escuchado esto, hemos llegado a tener respuestas graciosas como, ¿ustedes van abrir la cabeza de mi niño?  El término neuropsicología nos deja un poco en medio de dos ramas clínicas: neurología y psicología, esto hace que sea aún más confuso entender nuestra profesión.

El problema es que este desconocimiento no sólo lo tienen los pacientes y sus familiares sino muchas veces otros profesionales, incluso médicos que no saben realmente el papel que desempeñamos con el paciente.

La   neuropsicología  es  una especialidad perteneciente al campo de las neurociencias con un objetivo muy claro, entender el funcionamiento cerebral, es decir, es la encargada de estudiar las relaciones entre el cerebro y la conducta, no sólo de pacientes con algún tipo de disfunción cerebral, puesto que, para detectar una alteración hay que conocer primero el funcionamiento normal.


La neuropsicología clínica, que es a la que nos dedicamos, consiste en explorar ese funcionamiento cerebral, sobre todo en entender el papel de los procesos cognitivos o sistemas superiores del cerebro (lenguaje, atención, percepción, cognición espacial, praxias, memoria, funciones ejecutivas, sistema inhibitorio, memoria de trabajo y cognición social) , tras la exploración se interpreta cómo funciona el cerebro del paciente teniendo en cuenta los déficits cognitivos y las capacidades preservadas, estableciendo su perfil cognitivo y realizando un diagnóstico neuropsicológico.

El diagnóstico nos permite establecer el plan de acción a seguir y la línea de tratamiento, (realizando derivaciones a otros profesionales, como el neuropediátra o neurólogo, en el caso de ser necesario) teniendo en cuenta cómo afecta el funcionamiento cerebral del paciente a su vida diaria.

¿Cuál es el papel del neuropsicólogo?

Para responder esta pregunta podríamos hacer un post entero hablando sólo de ello, dependiendo del ámbito de trabajo del neuropsicólogo. Así que, nos vamos a centrar en hablar sobre nuestro papel dentro de nuestro centro.

La mayoría de los pacientes llegan bastante perdidos, sobre todo en población pediátrica, ya que la mayoría de las veces sólo han sido vistos por orientadores del colegio y los familiares no tienen claro que tipo de profesionales necesitan. Es por ello que, en un primer momento damos mucho valor a orientar y guiar a las familias en este camino de la neurorehabilitación.

A nivel terapéutico, una vez arrojado nuestro diagnóstico, nos centramos en la rehabilitación neuropsicológica. Es un proceso interactivo donde intervienen distintos profesionales, el paciente y su familia; la rehabilitación neuropsicológica, implica diferentes tipos de intervención que se pueden encuadrar a groso modo en: rehabilitación cognitiva (incluyendo estimulación cognitiva), intervención familiar y modificación conductual.  Es por esta razón, que trabajamos desde una perspectiva transversal con todo nuestro equipo, coordinando las intervenciones necesarias de distintos profesionales (fisioterapeutas, logopedas, terapeuta ocupacional y psicóloga clínica).

Pongamos un ejemplo: niño de 10 años con diagnóstico de TDAH; el equipo de neuropsicología, tras realizar la exploración, plantea un programa de rehabilitación centrado en las siguientes áreas de intervención: procesos cognitivos, conducta y entorno escolar.

         Procesos cognitivos: el principal objetivo es que el paciente conozca su funcionamiento cerebral, para que así ponga en práctica en su vida diaria los recursos y estrategias aportados en la terapia neuropsicológica.

         Conducta: debido a la cantidad de problemas conductuales que presenta el paciente, se deriva al área de psicología para que establezca un programa específico de manejo conductual para padres y familia, del mismo modo, sería conveniente un programa de modificación de conducta.

         Entorno escolar: nos ponemos en conducta con el colegio, para que planteen la posibilidad de hacer algunas modificaciones metodológicas, teniendo en cuenta las dificultas que presenta el paciente.

¿Qué nos diferencia de otros profesionales?

A pesar de que un neuropsicólogo con amplia experiencia clínica y con una formación neurológica de base, tenga mucho conocimiento sobre la medicina, fármacos y etiologías, no es nuestro papel dar diagnósticos etiológicos, ni intervenir a nivel farmacológicoPodemos ser el nexo con los médicos y podemos serles de gran ayuda con nuestros informes e interpretaciones acerca de la evolución del paciente, pero en ningún caso podemos tomar decisiones que competen a estos profesionales.

Si bien para ser neuropsicólogo es necesario ser licenciado o graduado en psicología, el neuropsicólogo no trata enfermedades o trastornos mentales, emocionales o conductuales, aunque sean derivados de una patología neurológica; puesto que, esto debe hacerlo el psicólogo clínico, profesional especializado en evaluar, diagnosticar y tratar problemas de salud mental. Este punto parece que es complicado de entender tanto por pacientes y familiares 



como por el resto de profesionales, nosotros siempre ponemos el mismo ejemplo aclaratorio: sería impensable que un oftalmólogo hiciera una operación de corazón a pesar de haber estudiado tanto el oftalmólogo como el cirujano la carrera de medicina, porque sus especialidades son distintas; esto mismo pasa con el neuropsicólogo y el psicólogo clínico, nuestras especialidades son distintas.

Esto no significa que no trabajemos mano a mano intercambiando información y planteando objetivos de manera conjunta puesto que, ambos tenemos el mismo objetivo: el paciente y su calidad de vida.




Ana Belén Vintimilla Tosi &
María Ortiz González
Neuropsicólogas
CIVET


miércoles, 8 de marzo de 2017

¿POR QUÉ MI HIJO NO PRONUNCIA COMO LOS DEMÁS NIÑOS DE SU EDAD?


“No hay nada que eduque tanto como la forma
que tenemos de hablar y escuchar a un niño.”

Mariana Vas

Todos los padres cuando los hijos empiezan a hablar, los comparan con otros niños de su edad, aunque esto no siempre es recomendable, se hacen observaciones como las siguientes: “Mi hijo habla sin parar, muy rápido y su vocabulario es muy amplio, pero pronuncia mal algunas palabras o tartamudea” “y los niños de su clase no hablan de esa forma”.

Ante todo hay que tener en cuenta  que no todos los niños son iguales y cada uno sigue su propio desarrollo, pero hay unas pautas generales y unos signos de alarma determinados que nos ayudan a saber si la evolución está siendo la correcta o, por el contrario, existen problemas que deben intentar solucionarse cuanto antes.

Con este post aclararemos algunas ideas sobre cuáles son las causas por las que se producen los errores de pronunciación, cuál es la evolución del lenguaje y habla del niño según su edad y os daremos una serie de pautas para estimular la correcta pronunciación de los sonidos en niños.

El proceso de adquisición de los sonidos del lenguaje sigue un orden evolutivo que progresa con la maduración del niño. Los sonidos se aprenden según el grado de dificultad para pronunciarlos. Esto significa que a mayor dificultad para pronunciar un sonido o una palabra más tarde aparecerá en el repertorio del niño. Durante el aprendizaje del habla, cuanto más posterior es la producción del sonido en la boca del niño, mayor es el grado de dificultad para producirlo.

“Ejemplo: es más difícil pronunciar /ga/ que /ta/ por eso el sonido /t/ aparece antes que el sonido /g/”


1. Causas por las que los niños no pronuncian bien

Los niños cometen errores de pronunciación durante el proceso de aprendizaje del habla y del lenguaje. Estos errores pueden ser motivados por diferentes causas:

-       Causa Evolutiva

Dentro de una evolución normal las dificultades en la pronunciación se van superando cuando el niño va madurando, es un proceso de maduración totalmente saludable. Todos los niños cometen errores de pronunciación de los 2 a los 4 años. En cambio, si los errores permanecen de los 4 a los 5 años se considera anómalo y necesitará tratamiento de logopedia infantil.

-       Incapacidad o dificultad para imitar sonidos

En estos casos se descarta que exista una lesión neurológica.
En estos casos la incapacidad por imitar los sonidos puede estar provocada por diferentes factores. Los principales suelen ser los siguientes:

a.    Escasa habilidad motora
b. Una vez que el niño va adquiriendo la motricidad necesaria para realizar los movimientos y va aprendiendo cuales son los patrones motores, el niños mejora su pronunciación.
c.  Dificultades en la percepción del movimiento articulatorio
d. Si el niño no es capaz de reconocer cual es el movimiento exacto para producir el sonido le será imposible imitar el sonido.
e. Dificultades para discriminar los sonidos: en estos casos los niños oyen bien pero no diferencian el sonido por falta de discriminación acústica.
f.  Falta de comprensión.

Los síntomas que muestran estos niños son la omisión de los sonidos, la sustitución de unos sonidos por otros y la deformación de los sonidos. En algunos casos el habla puede ser ininteligible si están afectados muchos sonidos. Los niños que lo padecen se muestran tímidos, desinteresados, con bajo rendimiento escolar y agresivos por la frustración que les produce el no hacerse entender con su entorno.

-       Dificultades en la audidición

En estos casos la causa que afecta a la producción de los sonidos es la audición: una audición correcta garantiza una articulación adecuada. Si el niño no oye correctamente tendrá dificultad para discriminar los sonidos. Dependiendo de la pérdida auditiva que tenga dificultará o impedirá la correcta adquisición del lenguaje. Los niños que cometen errores por un déficit auditivo tendrán una especial dificultad para reconocer y producir sonidos que sean parecidos. En este caso se necesitará hacer una audiometría para valorar la intensidad de la pérdida.

-       Anomalías orgánicas en los órganos implicados en la producción del habla

Las alteraciones se sitúan en labios, lengua, paladar duro o blando, dientes, maxilares o fosas nasales. Dependiendo de cuál sea el caso concreto se coordinará la intervención logopédica junto con el especialista que esté tratando la anomalía orgánica.



2. Evolución del lenguaje y habla del niño según su edad 

-       Los niños, a los 3 años, tienen que tener adquiridos los siguientes fonemas:

               /m/ /n/ /ñ//p/ /t/ /k/ /b/ /x/ /l/
               Diptongos crecientes: ia,ie, io, iu, ua, ue, ui, uo
               /m/ /n/ /ñ/+ Consonante

A los 4 años los niños tienen adquiridos casi todos los sonidos de la lengua a excepción de los fonemas /s/ y /z/ que los aprenden a los 5 años.

De los 4 a los 5 años de edad es una etapa crucial para la pronunciación y hay que vigilarla con especial atención. En este periodo los niños tienen que tener adquiridos casi todos los fonemas y grupos de fonemas, si persisten errores de pronunciación que pertenecen a los 3 años se consideran anómalos o patológicos. Es en este momento cuando hay que tomar decisiones y no posponer esta situación creyendo que va a mejorar por sí solo con el paso del tiempo. Recuerda que una temprana identificación asegura siempre los mejores resultados.





3. Pautas para estimular la correcta pronunciación de los sonidos en niños

-       Hablar al niño de forma clara, evitando hablarle con un lenguaje infantil.

-       No repetirle los errores que comete.

-       No tomar los errores del niño como una gracia porque puedes estar reforzando que el error se consolide.

No corregir al niño cuando se equivoca al pronunciar. En todos los procesos de aprendizaje hay que practicar. Ejemplo: Si el niño dice “quiedo caemelo” No se le dice nunca “Te has equivocado así no se dice” Se le dice: “¿Quieres caramelos?”

Cuando comete un error de pronunciación lo adecuado es repetírselo de manera correcta poniendo énfasis en la pronunciación adecuada.

Se aconseja que la alimentación del niño sea lo más variada posible, para reforzar la masticación, ya que la alimentación influye en el desarrollo del lenguaje. Ejemplo: Comer bocadillos de pan con salchichón. De esta forma la musculatura va adquiriendo tonicidad en los órganos que intervienen en el habla.

Si tu hijo tiene algunas de las dificultades comentadas anteriormente es aconsejable que acuda al logopeda para poder corregirlas.




  Loreto Delgado Boa
Logopeda y Pedagoga

CIVET SCP