martes, 23 de mayo de 2017

SÓLO PUEDO HACERLO YO, PERO SOLO NO PUEDO

Yo hago lo que tú no puedes, y tú haces lo que yo no puedo. 
Juntos podemos hacer grandes cosas.
Madre Teresa de Calcuta

Hay quien me dijo en alguna ocasión que veo muy limitada la labor que los fisioterapeutas podemos hacer con los niños con dificultades en su desarrollo... pero creo que mi visión es justamente la contraria. Podemos actuar sobre gran variedad de campos, solo que intento mirarnos dentro del conjunto global de atenciones que recibe el niño. Y en ese contexto, a la hora de enfocar qué puedo hacer por un chico en concreto creo que no está de más que me plantee varias cuestiones:

1.- ¿En qué puedo ayudarle y cómo puedo hacerlo?, y
2.- ¿Qué puedo hacer por él que otro no pueda?

Después de más de veinte años (¡¿yaaa?!) dedicados a trabajar en el ámbito de la discapacidad y muy especialmente en el de la parálisis cerebral uno, por muy torpe que sea, aprende y se da cuenta de cosas, o al menos eso creo… eso espero…


La primera de ellas es que la formación que recibimos los que estudiamos cuando debutaban las escuelas de fisioterapia, allá por los maravillosos años noventa, dejaba mucho que desear…

Pero aquella falta de una formación idónea y profunda en ámbitos como éste de la parálisis cerebral no era difícil de encontrar no ya sólo  en el campo específico de la fisioterapia, sino por lo que he podido ir encontrando a lo largo de los años, en cualquier campo relacionado, sea cual sea el epígrafe de los estudios realizados: licenciados, doctores, diplomados, graduados,… e incluyo el vasto campo de las eminencias con las que a lo largo de mi carrera profesional he tenido la suerte de compartir opiniones, discusiones, tropiezos…

La segunda es que en estas circunstancias el aprendizaje, como creo que no debe ser de otra manera, se basa en la inquietud personal, en la suerte de buscar hasta encontrar maestros adecuados, en investigar y probar, probar muchas cosas, algunas de las cuales mostraron enseguida que no servían para mucho, en entender que a veces nuestros mejores maestros son los propios niños… De esta forma a lo largo del tiempo se descubre, se encuentra, se construye aquella forma de trabajo que más sintoniza con uno mismo y que le permite disfrutar del día a día.

La tercera es que creo que es también importante encontrar el lugar que ocupa cada cual dentro del grupo de agentes que trabaja habitualmente con el niño. Me gustaría poder usar otra palabra que nos suene mejor que esta de agentes para incluir a los que actuamos sobre el niño, como por ejemplo Equipo, Pero no creo que haga justicia en términos generales a la realidad, y no por nada, sino porque formar un equipo y trabajar en equipo no es lo mismo. Esa confluencia precisa de algo más que vestir la misma camiseta (y me refiero con esto y de manera metafórica a la camiseta del niño). Trabajar en equipo precisa también no sólo de una predisposición que en efecto muchos profesionales manifiestan, sino también de recursos, de tiempo, de espacios para la puesta en común, etc. aspectos estos que no siempre están disponibles. Y por si queda un poco lejos, allá arriba en el párrafo, recalco y subrayo lo de habitualmente.

Madres, padres, profesores, auxiliares, pedagogos, psicólogos, neuropsicólogos, terapeutas ocupacionales, logopedas, fisioterapeutas,… todos podemos y debemos aportar nuestra visión, nuestra formación, nuestra imaginación a la hora de encontrar caminos para el desarrollo del niño, vías para superar lo superable, de intentar que las expectativas que están por confirmarse no nos impidan vivir lo actual.

Sin embargo, un aspecto que me he encontrado con demasiada frecuencia ha sido el corporativismo de las diferentes profesiones, incluida la mía por supuesto, y una defensa de la importancia de lo particular por encima de aquello que lo trasciende y lo engloba. La aparición de nuevas titulaciones en los últimos veinte años a veces provoca luchas entre los distintos profesionales acerca de quién debe trabajar con tal o cual niño y quién está capacitado para hacerlo… para luego encontrarnos que varios profesionales acaban por hacer lo mismo, duplicando el trabajo, desaprovechando los recursos sin tener en cuenta que, la motivación, la energía, lo económico y el tiempo, terminan por agotarse.

A la primera pregunta que me hacía, en qué puedo ayudar al niño, puede haber, precisamente porque entiendo que nuestra profesión puede ofrecerlas, una gran cantidad de respuestas en función de muchos factores: las características del niño, la formación específica en diferentes técnicas que tenga cada cual, el enfoque que se emplee de manera primordial, ya sea preventivo, rehabilitador, paliativo; los recursos con los que cuenta la familia, no sólo económicos, sino también las posibilidades de asistir a tratamientos, el grado de concienciación, de implicación, etc.

La segunda pregunta no sólo complementa a la primera sino que en realidad es la que en mi opinión va a dotarla de sentido porque, partiendo del reconocimiento no sólo de mis capacidades sino también de la labor que pueden estar haciendo o que puedan hacer otros agentes que también actúan con el niño, esta cuestión nos ayuda a realizar una poda en esa gran cantidad de respuestas que encontraba a la primera pregunta, y a desechar determinadas actividades u objetivos que pueden ser fácilmente o mejor abordados en otros contextos o por otras personas.

Significa esto que si no elijo bien puedo estar planteando acciones, actividades, objetivos que ya están siendo atendidos, mientras que aquellos a los que otros profesionales no pueden llegar o no pueden plantear y que el niño puede igualmente necesitar, podrían quedarse sin abordar por quien verdaderamente puede hacerlo. Así, aunque debo tener claro que uno solo no puede abordar todas las necesidades,  hay determinados aspectos de la atención que precisan determinados niños con dificultades en su desarrollo que sólo uno puede abordar.



Por eso, cuando los agentes no formamos un equipo real, disgregados por diferentes centros, obstaculizados por la falta de recursos, por no contar con canales de comunicación eficaces, etc. se vuelve importante la labor de adhesivo, de contacto, de intercambio que pueden facilitar los padres, las familias, que se convierten en fuente de informaciones, de preguntas, de dudas que se plantean, observadores de lo que hacen unos y otros, un impulso más, otro, que nos ayudará a estar más cerca de poder llegar a trabajar como verdaderos equipos.





Daniel Ortega Asencio
Fisioterapeuta
CIVET 

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